Bienal, consagración y después…?

Por Marcelo Nieto

Cierta mínima perspectiva temporal permite deslizar unas pinceladas reflexivas sobre la acaecida Bienal Internacional de Escultura 2018, festival de arte y cultura devenido marca Chaco.
Los 30 años de concurso mostraron su fruto: un éxito arrollador. 650 mil personas que pasaron, es explícito dato. Pero más allá de la mención cuantitativa, la calidad y excelencia del acontecimiento –en todos sus segmentos, ofertas y ramificaciones, no sólo en lo escultórico- fue palpable para cualquiera de los millares de visitantes locales y foráneos.
Si hay una bondad sobrevenida, es que en tiempo doloroso de crisis, el pueblo tuvo el regalo de una semana de vacaciones de invierno: paseos, espectáculos de la más diversa índole y para todos los públicos, encuentro social, degustación de comidas, escultores en acción en diversas modalidades, entre muchas otras opciones, y todo gratuito, y todo ligado a una raíz: el arte.
El movimiento económico –desde los actores locales contratados para armar el andamiaje del macro acontecimiento al artesano indígena-, se derramó en todas direcciones.
Asimismo, las relaciones, los contactos, los intercambios, el pasaje de folleterías, el tránsito de tarjetas personales, los gérmenes de proyectos potenciales, el sinnúmero de apretones de mano, patentaron que la bienal significa “oportunidades”.

ESPACIO
Siempre fue característico y visible el crecimiento permanente, de concurso a concurso, siempre un algo nuevo en cada bienal y esta vez, fue la amplitud, el ensanchamiento del espacio, a partir de una recuperación y puesta en valor de zonas ociosas del parque 2 de Febrero.
El pensamiento emergente sería: “Qué grande había sido el parque 2 de febrero!”, y, “Qué buena esta política de recuperar un mojón identitario, poner en valor un parque que esté a la altura de una capital provincial y en el corazón de la ciudad”. Hay que tener presente que cada mejora, concluida la bienal, redunda en un bien que queda para todos.
Ese crecimiento exponencial de territorio es lo que permitió que tanta gente pudiera convivir, y que cada área no esté empastada a otra: el punto de encuentro donde se centraba la gastronomía, las ferias artesanales en sus distintas categorías; los variados talleres de arte al aire libre –escultores de la firma Stihll, jóvenes del Premio Desafío, Taller de los pequeños escultores, predio de los Escultores invitados, predio de la competencia internacional- ; los stands de firmas comerciales, empresarias y del Estado; los varios escenarios para espectáculos; los senderos y parques de paseo, etcétera. Mundos diferentes perimetrados, pero en franca convivencia.
Y si se habla de predio, hay que hablar de río, ese río gravitante, fundacional, que espera paciente su rescate. El río Negro fue otro circuito en las opciones de la bienal, como recipiente de una propuesta tradicional, tal la escultura efímera acuática, y como oferta de paseos acuáticos, y por su belleza obvia, postal de naturaleza viva.

BIENAL 2018
Tres décadas es un tiempo importante de una vida. Se escucha “Estamos casados hace 30 años” y nos sacamos el sombrero. La permanencia es constitutiva del respeto.
Esta bienal de “Identidad en movimiento” movilizó esa idea de identidad, de saber quiénes somos y hacia dónde vamos. Para los artistas –cita de campeones, 7 ganadores de las bienales pasadas- fue el desafío de dar movilidad a sus obras, para nosotros, movilizar nuestra reflexión acerca del ser resistenciano y ser chaqueño.
Por eso no es azaroso que el municipio de Resistencia presentara la Marca Ciudad, ni fue azaroso que en una performance cargada de emoción y simpatía llegara a la bienal la vaca atada, cuadrúpedo hecho en papel maché que anima desde una esquina típica de Resistencia donde está el bodegón del mismo nombre y que aunque no sobra de méritos artísticos, es una figura que en el imaginario colectivo tiene una poderosa carga simbólica. Pues bien, la vaca fue coronada “Escultura popular” con anuencia de músicos y poetas locales que la celebraron.
Otra ramificación trascendente es el congreso de artes que organiza la Facultad de Artes de la UNNE. No sólo por las figuras protagónicas que han llegado y la diversidad de ponencias que alumbran, también porque contrapone ante el hecho artístico en vivo, el soporte intelectual que permite comprender al arte contemporáneo.
Por eso también fue reveladora la presencia de Marta Minujín, ícono sagrado del arte pop que dio una charla deliciosa y nutritiva paneando su vida artística al lado de figuras de la historia del arte, sus obras emblemáticas y dando consejos que para el oído receptivo de los jóvenes resultaron sentencias. Valga decir que la afluencia de público a la charla y el feedback logrado a través de los continuos aplausos, comprobó la pertinencia de esta visita.
Otro momento digno del recuerdo: la llegada de una docena de embarcaciones de defensores del río Negro a la costa para hacer entrega -de parte del militante ambiental Jorge Castillo- de una botella de náufrago a Fabriciano, con el compromiso de trabajar juntos por el salvataje del río. Arte y ambiente enlazados… Un ecosistema para ahondar.

HACER CULTURA
La Bienal de Escultura tiene un mérito superlativo, y es que desde la iniciativa privada se haya generado la industria cultural más importante del Chaco, naturalmente con el acompañamiento codo a codo del Estado, del empresariado y del ciudadano. Una fiesta que se celebra cada dos años y con peso en el escenario nacional pero que ya desde mucho antes tuvo la valoración y respeto en la escena mundial. Los escultores -tipos que tienen el ejercicio de participar de simposios, concursos por todo el mundo- dicen excluyentemente: “Es la mejor de todas”.
Por caso, el escultor uruguayo que trabajó con caños, decía que recibió el centenar de caños cortadoa la medida pedida, pero para sellar cada uno de ellos para que no entre agua le demandaría por lo menos tres jornadas de trabajo. Pues, ante la coyuntura una fábrica se encargó de la tarea. Ese solucionar ágilmente un problema –y se presentan naturalmente, muchísimos- hace a la excelencia de la que hablan los escultores.
Otro ejemplo, el del Premio Desafío, concurso de jóvenes de instituciones artísticas de toda la Argentina. Cuando llegan adquieren el overol, las camperas y gorras, las herramientas, un curso de manejo de motosierras, etcétera. Un profesionalismo, total.
Un ejemplo más corriéndose de lo específicamente escultórico. De repente, faltando cuatro horas para una función de música clásica surge la necesidad de conseguir 90 sillas para asiento de los músicos. Pues bien, las 90 sillas están al instante siendo acomodadas.
El agasajo que reciben los escultores desde asados en quintas a cenas espléndidas brindadas por familias o instituciones, el estándar de huéspedes de honor que reciben –lo son, pues los que llegan son artistas consagrados-; todos estos detalles hacen al juicio general que se tiene de la Bienal.
Y después está eso otro, la relación de escultura y sociedad, la singularidad de nuestra gente que intima con los artistas, logra lazos, lo visita, le da fuerzas con el pulgar en alto, provoca esa amistad que solo en Resistencia se da frente a una frialdad o indiferencia que reina en el mundo en concursos semejantes.
No hace falta en esta ocasión reiterar y profundizar que más allá de tener riendas en la organización de la fiesta, la FU ha hecho un trabajo espectacular en lo que hace a conectar el arte con la gente de una manera potente, fibrosa, a través de educación y didáctica.
Por caso, ¿no sería un fundamento de por qué la gente respeta la obra de arte el que haya podido ver la génesis de la obra y al escultor trabajando ?; “Ah… había sido que no era el artista un bohemio, un vago subversivo al sistema; había sido que es un laburante, con un oficio duro, sofisticado, admirable –a veces haciendo de ingeniero, a veces de artesano- , y además creando belleza; lo está haciendo para mi ciudad; ese chino o libanés o canadiense que está esculpiendo o soldando o martillando o lijando durante horas y días, está dejando un regalo para que mi ciudad sea más bella, más atractiva , para que yo y mis hijos y mis nietos la disfrutemos”.
Por supuesto que da orgullo decir, “Acá en Resistencia, no necesitamos vallar las obras de arte, no hace falta, cuentan con el respeto de todos…”.
También es mérito de la FU un plan sostenido que va desde el cuidado y conservación de las 650 piezas al plan de embellecimiento y colocación de obras (las varias obras realizadas en gran formato, son para un nuevo sector: la entrada a la ciudad, donde se precisan piezas de tamaño para ser vistas desde lejos). Y todo está pensado en presente y en lejanos plazos. Una verdadera política cultural.
Repasemos el círculo virtuoso: el escultor hace una obra en la bienal que queda en el espacio público y que se suma al museo de arte al aire libre (más de 500 piezas en la vía pública han sido plantadas a través de los concursos) reforzando un sesgo cultural, turístico e identitario. La obra en cuestión ha sido atestiguada por el ciudadano quien ha creado lazos con el escultor y queda como orgulloso guardián de la misma.
En esta Bienal, muchas veces se escuchó mencionar la gestión ante la Unesco para que Resistencia sea patrimonio de la humanidad, propósito iniciado por la FU hace muchos años, con conciencia de que son diligencias que demandan largo tiempo y que no tienen garantía de resolución afirmativa. Pero los hechos, como esta bienal visibilizan ese horizonte.
Pues sí, esta bienal 2018 fue consagratoria, llena de momentos increíbles y emocionantes como contar con la presencia de los escultores pioneros, aquellos que hacen 30 años fueron los “conejillos de laboratorio” de un proyecto loco; fueron los que esculpieron la madera en el invierno de 1988 en la plaza 25 de mayo, quienes embriagaron el aire con el olor a aserrín, quienes enamoraron al público desde esa faena, demostrando que era posible iniciar un camino.
Claro que pasó el tiempo ¡30 años! Demostrando que cuando las ideas son buenas y sustentables, cuando están transidas de fe y convencimiento, cuando se conjugan en humildad y perseverancia, cuando responden los equipos, cuando hay dignidad y no hay lugar para rendirse, se produce el milagro.

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