miércoles , 6 de julio de 2022

Fin de semana en la Bienal: un regalo de las vacaciones

Sábado y domingo. Dos días que se los puede adjetivar como espléndidos en este arranque de fin de semana de la Bienal de Escultura 2018 y también un fin de semana que abre las puertas de las vacaciones de invierno.

La gente no dudó y se volcó masivamente en familia, entre amigos o en solitario; muchos con sus equipos de mate, con sus “ropas de salida” confluyeron en el predio del Museum, del parque 2 de Febrero. Miles y miles de visitantes se acercaron a disfrutar de dos jornadas cargadas de estímulos y de paisajes (léase, la costanera, el parque de las esculturas del mundo, los alrededores del anfiteatro griego, etcétera).

La Bienal fue el ombligo, el centro y por estos lares “pasaba la vida misma”.

Antes, la bienal era un a semana “in crescendo”; ahora, fue desde el día sábado, “a cartón llebno”, desde la hora primera.

No solo es la propuesta escultórica de los artistas en competencia internacional -figuras consagradas de quienes es lícito, admirar-; no solo los escultores argentinos y latinoamericanos, invitados especiales sumando entre ambos grupos una veintenas de obras en construcción, en diferentes materiales donde es digno de ver el artista-soldador, el artista picapiedras (debiera decirse pica mármol), el artista- carpintero.

También digno de observar en las obras las matemáticas -en alianza con la geometría- , buscando equilibrio, estabiilidad, armonía (hay mediciones minuciosas, hay análisis sofisticados). Y también en evidencia el vuelo creativo. Se es testigo de la idea genial, la imagen original, la génesis única y original…

De todo eso se abreva, se aprende, se respeta. Y eso es el alimento para que la identidad escultórica se consolide.

PREDIO

Otro tema para destacar es el predio ferial. No es solo las amplias posibilidades de aprendizaje y atractivos que ofrece la escultura .

También son los espectáculos efímeros, loas permanentes  acciones artísticas, escenarios donde se baila ritmos latinoamericanos, donde un payaso hace reir a cientos de niños, la réplica real del taller de un escultor donde dicta clases para los niños…; también las grandes obras que el Instituto de Cultura despliega cada tarde noche.

Pero hay otra gran y exitosa apuesta: el predio ferial donde centenares de puestos compiten en creatividad, utilidad y belleza. Uno al lado del otro, a cielo abierto o dentro de gigantes carpas donde el diseño, la artesanía criolla y contemporánea, el legado ancestral de los originarios se muestran con esplendor y en muchos casos, se pierde la delicada linea de arte y artesanía.

La gente acompaña, comparte. se apropia de la Bienal. Que así sea. Es una fiesta para el mundo… Y para nosotros.

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