domingo , 22 de mayo de 2022

Periodista cordóbes relata la experiencia de las Bienales, que cubre hace 30 años.

Durante toda la semana, Resistencia recibió la visita de trabajadores de medios de prensa de Argentina y agencias internacionales, quienes compartieron con asombro la experiencia de la Bienal 2018

Alejandro Mareco es un periodista cordobés que ha ligado su profesión a Resistencia mediante la cobertura de los concursos de escultura que abren las puertas de la capital del Chaco al mundo.

Redactor del tradicional periódico “La Voz del Interior” ha relatado el fenómeno de las bienales desde su primera edición, hace 30 años y lo plasma en un artículo lleno de anécdotas y colorido; como así también en un poema al que llamó “Viruta”

Resistencia y su “bello destino”, una historia conmovedora

Cada vez que vuelvo a Resistencia y me pongo en marcha hacia a la Bienal, la primera impaciencia que siento es por encontrarme con algunas de las caras de entonces, las de siempre.

La segunda impaciencia es por acercarme al sitio donde están los escultores en plena lucha para hacer que la materia se rinda ante la fuerza de una idea, de un acto creativo.

Las dos cosas son, antes que nada, fuentes de emoción. Como la belleza que sucede a orillas del Río Negro: todo forma parte de ella, los artistas, los apasionados de la Fundación Urunday, el pueblo del Chaco y el alma de la ciudad de Resistencia.

Ese “bello destino” común, sobre el que tanto ha insistido Fabriciano todos estos años, no sería posible si faltara alguno de esos ingredientes.

En esas caras de la primera impaciencia puedo reconocer mi propio rastro, la conmoción original. Llegué por primera vez en la segunda edición del entonces Concurso Nacional de Escultura en Madera, en 1989, luego de que gente de la organización presentara personalmente en Córdoba la invitación en el diario La Voz del Interior.

Enseguida que llegué,me impregnó el corazón un ánimo especial: había en la espesura del aire esa sed de los soñadores convencidos de que es posible modelar el futuro y darse un destino.

Pude reconocer esa ansia en las numerosas esculturas en las calles, en la convicción del grupo de hacedores que sostenía la idea del concurso, en la pasión de la palabra de Efraín Boglietti y el alma del Fogón de Los Arrieros y, sobre todo, en el gesto afectuoso y abierto del pueblo de Resistencia.

En la Plaza 25 de Mayo la gente se arrimaba a los escultores con mate y tibiezas, dispuesta a ofrecer primero su mejor sentimiento y la franqueza de su curiosidad. Nó sólo se acercaba a ver, sino también a compartir; sobre todo a sentir.

Sí, en la joven Resistencia, en el viejo y nuevo Chaco, se estaba amasando una identidad tan real como singular. Todo era muy conmovedor: la ciudad guardaba un cielo especial para los escultores, casi un paraíso para el arte de las formas. Había otros concursos en el país, pero la razón y la pasión existencial de éste lo situaba en otra dimensión.

De aquellos soñadores originales, tengo el recuerdo inmenso de Reynaldo Martínez, su manera cálida de recibir, así como el amoroso y contagioso modo de hablar de las cosas del concurso.

Fabriciano Gómez era, claro, el hombre de la inspiración fundadora, el inmenso, reconocido y premiado artista que quería sembrar en su tierra. Pero había un rasgo particular que apuntalaba su aura: su manera profunda y sentida de dar y recibir abrazos, a veces sólo con sus ojos pequeños.

Ese decir, en Resistencia, no había modo de mantener cerradas las puertas del afecto, de ver y vivir esos días sin emocionarse.

Aquel año se creó la Fundación Urunday, un gran acto de lucidez que revelaba el grado de conciencia y responsabilidad del grupo con lo que había conseguido construir.

Muchos vaivenes políticos e históricos sobrevendrían en estos 30 años, pero el viejo sueño siguió su rumbo claro: “Hacer del arte un bien del pueblo”, como dice Fabriciano.

Toda la comunidad chaqueña, pueblo y autoridades, asumieron la fecundidad de ese  destino que había entre manos.

Y al cabo de asistir a este esplendoroso camino de tres décadas, una de las maravillas que más iluminan la marcha ha sido la rápida y enorme evolución conceptual del encuentro, de lo particular a lo universal.

Comenzó por afirmar la pertenencia cultural regional, con la transformación de la madera chaqueña en arte, y el urunday como símbolo del prodigio arbolado de la naturaleza de la provincia.

Sólidas las raíces, pronto la inquietud se abrió a otros materiales y estilos. Entonces, se dejó venir el mundo a través de los concursos latinoamericanos y la Bienal Internacional,  que finalmente terminó convirtiendo a Resistencia en un amparo universal para los escultores.

Pasan las ediciones, y siempre que vuelve a Resistencia vuelve a emocionarse con la dimensión de esta hazaña cultural anclada en el pueblo. Es verdadera, profundamente verdadera, y eso queda revelado cada vez que uno se asoma al Parque 2 de Febrero.

Por eso la impaciencia primera por volver a ver aquellas caras, la que hicieron posible que en Resistencia floreciera un tesoro del arte y la cultura Argentina.

Por eso la segunda impaciencia por ver a los escultores en acción: sí, la belleza sigue ahí, otra vez ofreciendo la intimidad de su alma. Uno hasta puede estremecerse con sólo presentir las respuestas creativas a consignas siempre tan inspiradas, como las de este año: “Identidad en movimiento”.

Es una consigna que bien podía describir a la ciudad y su amor por las esculturas.

Toda Resistencia es una identidad en movimiento, y durante una semana se la ve allí, en el Parque 2 de Febrero, echando virutas, chispas y polvo en busca del corazón definitivo que está guardado en la materia.

Sentimiento y canción

Como testimonio de la huella profunda que dejó en mi corazón mi primer encuentro con resistencia y su pasión por las esculturas, escribí una canción. Por seguir la historia, luego modifícaría la última parte de la letra. Aquí este sentimiento de trés décadas que se llama

 

“Virutas”

Un rumor de sierras

las hachas al sol y la madera

¿cuánto tarda el corazón

en ver la luz de la belleza?

Julio en la plaza de Resistencia

se hacen virutas las impaciencias

Y antes de que se apague la ciudad

bajo el silencio

Los escultores tallarán

el árbol de la libertad

y en mi país

en mi país

tendremos luz y eternidad

En cada tronco

va el ardor de un Chaco azul

que siempre sueña

Son sus viejos montes y sus ríos

brava quimera

Julio en el Domo de Resistencia

la gente acerca mate y tibieza

Y antes de que se apague la ciudad

bajo el silencio

Los escultores tallarán

la piedra de la libertad

y en este mundo.

en esta tierra

en este porvenir

tendremos luz y eternidad

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