Un yaguareté en dos piernas. Con un tamaño diríase… gigantesco. Hay algo en él que inspira ternura, que anula cualquier especie de temor. Aunque su altura amilana, hay un gesto amistoso. Por momentos ese tigre inverosímil podría ser un amigo de los niños en su imagen de manekineko (el gato popular japonés que lo conocemos como gato de la fortuna y que permanentemente tiene los brazos en movimiento), pero su rostro no tiene nada de infantil. Allí aparecen los rasgos del Príncipe del monte, de la selva, de los llanos. En sus distintas acepciones, desde Mesoamérica hasta La Pampa.
El tigre, el yaguareté, el león americano, el puma; distintas caras de una figura a la que siempre vuelve la escultora Desirée de Ridder, artista invitada a la Bienal del Chaco es parte de su mitología estética, un fetiche de su imaginario.

“Este tigre está hecho con barro del Chaco, empleé la técnica del adobe. Sus componentes son barro del Paraná, bosta de caballo, arena, pasto seco y ladrillos autóctonos”. Agrega: “Superó la altura prevista. Lo que aparece es un dios fáunico de 4 metros veinte.
“El hombre destruyó a ese Dios”, sentencia con mucha razón. Son grandes los esfuerzos para volver a reinsertarlo en el Chaco, especialmente en el Parque de El Impenetrable
La quema del gigante animal parado en dos patas es otra parte de la obra que le otorgará una piel fuerte y sólida. Pero además, la quema, que tendrá la participación de la gente, tiene un valor agregado.
·”Rugido de fuego” va a quedar en el mismo lugar donde fue creado. Y “quemarlo, es una forma de inmortalizarlo, darle vida eterna, El fuego es un gran purificador”.

Argumentó el motivo por el cual eligió la obra, el sentido que la movió a hacerlo: “Muchas cosas maravillosas tiene la bienal del Chaco: la gente apropiándose del arte es ya una maravilla; el nivel de los competidores internacionales, una maravilla”… Y también hay tantos niños…Esta obra va dedicada a ellos, como un recordatorio de quien fuera el rey del monte”. Uno no puede amar o defender lo que no conoce. Y Desiré pone fe en que el arte tiene esa capacidad de toma de conciencia, de revelación.
Por eso cuando el tigre chaqueño comenzó a quemarse en una performance poderosa, el rugido del fuego fue un grito de alerta y de victoria.


