Salud a los amigos. A los que celebran su culto. A las amistades viejas y a las que están germinando. Y a la amistad que sobrevive –increíblemente- cuando uno de los dos ha partido.
Es una de las formas preciosas del amor y tiene la bondad de ser desinteresada, de no tener el sesgo de exclusividad que suele pedir otro tipo de amor.
Amistad que navega sagaz por las aguas del tiempo… Cuántas amistades no tienen periodicidad ni rutina, incluso hay océanos de tiempo entre uno y otro encuentro, incluso el tiempo ya esculpió la carne y purificó el alma… Pero cuando se produce el encuentro sucede ese milagro de sentir vivamente la misma cercanía, la misma intimidad. O acaso no conocemos la expresión “¿como si fuera ayer”?
La amistad servicial, la que dice la verdad porque no cabe la ocultación, la que respeta, la que se siente feliz por el otro… La amistad jamás tiene crueldad ni venganza. No conoce celos porque el amigo se regodea y se realiza en la felicidad del amigo.
La amistad es un bien esencial como el agua. Pobres las gentes que dicen ”No tengo amigos”! Porque la amistad se funda en el amor. Bien dice Marguerite Yourcenar que el amor es una amistad con momentos eróticos. La amistad es basal al amor.
Muchos poemas cantan la amistad. Elegimos uno de José Martí, porque subyace una plena definición de ella.
Cultivo una rosa blanca
En julio como en enero
Para el amigo sincero
que me da su mano franca
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca


