Más allá de que uno de los 10 escultores es quién se lleva el primer galardón de la Bienal Internacional de Escultura, año tras año se puede ver cómo se logran relacionar entre los diferentes artistas, a veces con palabras, otras con la ayuda propia en la obra, pero también con algún mimo que logre aliviar alguna tensión.
En la imagen se observa a la italiana Francesca Bernardini dando un masaje a Lyudmyla Mysko, (Ucrania), tal vez agotada por la pesada y constante labor sobre el mármol.

Las mismas manos que utilizan las herramientas para trabajar la materia, son las mismas que dan afecto.


