En la secuencia la joven toca la piedra ya moldeada. Se acerca y la va guiando con las manos. Emociona la joven le dice en intimidad: “ahora ya no me voy a lavar las manos”. Se aprietan con más fuerza las manos y lloran. Sienten juntas el polvo del mármol en su piel. La emoción que genera el arte es una sensibilidad extensiva. Dicen que la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Como el corazón… y un lugar seguro.





