Los canales digitales de la Bienal Internacional de Escultura del Chaco alcanzaron 53,7 millones de impactos visuales y llegaron a 147 países durante la edición 2026
Hay una parte de la Bienal que sucede en el Parque 2 de Febrero, con el frío, la garúa, el calor inevitable y el polvo de mármol flotando sobre las manos de los escultores. Y hay otra, simultánea, que sucede en las pantallas. La primera es la de hace casi 40 años, la que cada edición es la mejor Bienal, donde los chaqueños no dejamos de mirar con asombro. La segunda es más nueva y más difícil de narrar, porque tiene numeros, estadisticas y conexión con distintos países.
Los números, este año, dijeron mucho. Según el informe de canales propios elaborado tras la edición 2026 —sitio web oficial y redes sociales—, la Bienal alcanzó 53,7 millones de impactos visuales en el período analizado. La cifra impresiona menos por su tamaño que por lo que supone: detrás de cada impacto hubo un ojo, una pausa, tiempo de atención robado al scroll. No fue fuego de artificio. 217.380 personas se quedaron después: una comunidad que no se desarmó cuando se desarmó el predio y que sigue ahí, esperando la próxima convocatoria.
El mapa también se corrió de lugar. La información circuló en 147 países —Argentina, pero también Estados Unidos, Brasil, España, México, China— y el 82,5% de esas visitas se hizo desde un celular, con la agenda del día abierta como quien consulta un plano antes de salir. Más de la mitad, el 51,4%, no llegó por casualidad: fue gente que escribió “Bienal del Chaco” con la misma intención con la que se teclea una dirección para no perderse. Y 260.463 veces esa búsqueda derivó en algo concreto: una inscripción, una consulta, un clic que acercó a alguien un paso más al predio real.
“La Bienal nació en el espacio público y sigue teniendo allí su corazón”, señalan desde Fundación Urunday. “Pero hoy ese espacio también se amplía a lo digital.”
La frase es más que una declaración institucional. Mientras la piedra se hacía arte bajo la resolana chaqueña, su imagen, su relato y sus anécdotas viajaban por una red que no distingue terruño. Camino a su 40° aniversario, la Bienal confirma que la escultura pública sigue siendo lo que siempre fue —un bien de todos—, incluso para quienes nunca visitaron el Parque 2 de Febrero.


