Los mecenas silenciosos: ¿Quiénes hicieron posible que el Chaco cantara junto a Abel Pintos?

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Hay un momento, antes de que las luces se enciendan y el primer acorde rompa el silencio del Escenario Central, en el que la Bienal se parece más a un acto de fe colectiva que a un simple espectáculo. Esta noche, domingo 26 de julio, ese momento tuvo nombre y apretón de manos: en la previa del show gratuito que cerró la edición 2026, Abel Pintos se sentó junto a José Eidman, presidente de la Fundación Urunday, y junto a los representantes de las seis empresas —Amarilla Gas, Grupo Meucci, FarMar, ICRR, Cetrogar y Nuevo Banco del Chaco— que, sin subirse jamás a un escenario, fueron tan protagonistas de esta noche como el propio artista.

Porque hay proyectos que se imaginan durante años antes de encontrar su momento, y este fue uno de ellos: desde la organización contaron que la presencia de Abel Pintos “es la concreción de un encuentro que durante años fue imaginado y anhelado tanto por la Bienal como por el propio artista”, una cita que las agendas cruzadas venían postergando, hasta que el diálogo entre los equipos de producción —y la decisión de seis empresas locales de poner el hombro— convirtió por fin ese anhelo en un escenario iluminado y una plaza colmada. “Este cierre fue posible gracias a la predisposición, el diálogo y el trabajo compartido”, señalaron, “junto al acompañamiento fundamental de seis importantes empresas privadas de origen local, comprometidas con el desarrollo de la comunidad”.

Esa fotografía de la previa —el artista y los mecenas, todavía en calma antes del ruido— es, en el fondo, la imagen más honesta de cómo se sostiene la Bienal: no solo con arte a cielo abierto y escultores tallando bajo el sol, sino con una trama invisible de voluntades públicas y privadas que, año tras año, deciden que la cultura gratuita y masiva vale la inversión. El concierto de esta noche, gratuito y multitudinario, trajo además su propio movimiento paralelo: visitantes de todo el Chaco, del Nordeste y de otras provincias, llenando hoteles, mesas y comercios de una ciudad que, una vez más, se convirtió en el centro de la escena.

Con casi cuarenta años construyendo un encuentro entre el arte, la comunidad y la participación colectiva, la Bienal cerró esta edición de la única manera que sabe hacerlo: a pura voz, a pura gente, y con seis nombres empresariales que, aunque nunca escucharon el aplauso, fueron los que hicieron posible que la música sonara.

Resistencia se confirma, una vez más, como destino turístico invernal de una agenda de primer nivel, y el arte, también el que se sostiene entre bambalinas, sigue siendo un bien público de toda la comunidad.

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