La Bienal Internacional de Escultura del Chaco cierra la noche del 18 de julio con una Gala de Ballet Folklórico Nacional que elige, no por casualidad, el aire libre como escenario. Hay algo deliberado en esa elección: cuando la danza folklórica sale del escenario cerrado y se ofrece a cielo abierto, el arte deja de ser un privilegio de sala y se vuelve un bien de todos, disponible para quien simplemente pase caminando. El elenco, creado en 1990 por los maestros Santiago Ayala y Norma Viola, reúne hoy a 43 bailarines de distintas provincias del país, sostenidos por su propio equipo administrativo y por un sólido cuerpo artístico-técnico en iluminación, escenario, vestuario, sonido, utilería y multimedia: una estructura pensada, casi por definición, para llevar la danza a cualquier escenario que se le proponga, incluido este a cielo abierto. Es, en el fondo, la misma vocación que atraviesa toda la Bienal: que el arte encuentre a la gente donde está, y no al revés.
La Bienal Internacional de Escultura 2026, como a lo largo de toda su historia, tiene como piedra central el contacto del pueblo con el arte, del ciudadano con el artista. Esa premisa, en esta circunstancia, la de las artes escénicas, las artes vinculadas a la música, al baile, a lo elemental que genera el sonido, tiene a la noche de hoy en el Escenario Central a las 21:30 horas al Ballet Folklorico Nacional como protagonista, actuando por primera vez al aire libre. No es coincidencia ni menos un accidente, es la continuación de una idea que se afirmo hace casi cuarenta años en la Plaza 25 de mayo.
Como corresponde a esta edición, Resistencia vuelve a confirmarse como destino turístico invernal de una propuesta cultural sin parangón en la región, al tiempo que reafirma al arte como un bien público que pertenece a toda la comunidad.


