Rodeado de público, rodeado de acordeones, rodeado de frases y sentencias, el Chango Spaziuk pasó por el espacio de Madre Canción dentro del predio de la Bienal del Chaco y dejó una estela de belleza y reflexión sobre la cultura y la comunidad.
Sin embargo, el Chango utilizó su otro instrumento y no por el que comúnmente se lo conoce; el acordeón. Es que sabio y pausado como es, habló de belleza, poesía y comunidad. Acompañado de su colega Renato Borghetti, destacó el instituto de música que el autor brasilero fundó junto a su hermano Marcos, porque “de las escuelas de músicos no salen mejores músicos, sino salen mejores personas, con más sensibilidad”, así como rescató el trabajo y esfuerzo que implica contar con una fábrica de acordeón en Puerto Tirol.

En su charla, mientras iba hilado algunas ideas recordó una idea que leyó en un libro de Daniel Barenboim, acerca de que los niños en el vientre de la madre desarrollan el oído antes que la vista. Sin embargo, cuando nacemos nos educamos para ver y no tanto para escuchar. “Entonces, la música es una oportunidad para reeducarnos con nuestra vinculación con el sonido y nuestro corazón con la palabra”.
Para lograrlo se requiere de una educación, pilar fundamental para percibirlo. También puso otros ejemplos y metáforas: las personas con discapacidad logran ingresar a los edificios gracias a las rampas que se instalan en los accesos. Y dijo que es la educación la rampa por la cual podemos ingresar al arte y la música.
“La poesía es una herramienta, las palabras tienen un sonido y no debemos separar el sonido de la palabra”, porque mientras mejor hablamos y nos comunicamos con la tradición, mayor será conectarse con esa tradición. “Y la tradición es conectarse con el territorio y cuando uno se conecta con el territorio, defiende el río, los pueblos originarios, el árbol, porque no lo ve separado del territorio a la poesía, sino como un todo” reflexionó.

También recordó a Atahualpa Yupanqui, quien había dicho que “La luz que alumbra el corazón del artista, es como una antorcha que usan los pueblos para ver el camino” y remarcó que la belleza no es exactamente la música, sino la mirada colectiva que es nuestra propia historia que nos atraviesa.


