Ha de ser difícil para los escultores ese “primer día” que ayer, sábado, excepcionalmente inició pasadas las 14. Había una razón: un citytour para los escultores internacionales y los escultores invitados recorriendo por algunas de las 700 esculturas de la ciudad y en especial dos emblemáticas. Una de Lucio Fontana y la otra de Fabriciano.
Mármol y metal son las dos opciones de material a las que optaron los internacionales. Así que, lo que veremos invariablemente es lluvia de luz de la soldadura y la niebla blanca de las amoladoras. En la primera jornada de competencia de la Bienal Internacional de Escultura del Chaco, lo que se observó fue un surrealismo climático: el polvo de mármol como una gran nube blanca sobre el predio de competición; siendo el comentario viral de que este sábado, cayó nieve sobre un calor digno de los desiertos impenetrables. Dicen que todo es cuestión de los ojos con que se miren. El que veía y verá esa escena, está viendo la mecánica escondida del arte que se manifiesta en la fantasía al imponerse en la realidad, como si nada.
Decíamos: Ha de ser difícil para los escultores el primer día. Lo nuevo y desconocido; los nervios normales del inicio; los fantasmas que se cuelan “¿terminaré a tiempo?”. Aunque nada de eso duró mucho. Ya “al toque” estaban en faena y oficio- ¡Suerte para todos!
Quizás, si se debiera elegir alguna actividad en particular, este escribiente jerarquizaría la charla de ayer de la doctora en arte y experta en arte público María Magaz. Referenció a cuatro escultoras, mujeres de vidas y obras excepcionales; la chaqueña Mimo Eidman fue la última de quien hizo un ahondamiento profundo (en inmediata entrega se compartirá desde este canal una interview). Es ese soporte que ofrece la Bienal, una pata académica, teórica, que completa la experiencia del arte en vivo.
El público ocupa los espacios
Con casi 40 años de concursos de esculturas y de bienales, se puede medir el comportamiento de las cosas. La conducta del público de la bienal es un “in crescendo”. El sábado, jornada 2 de la Bienal 2026 tuvo, entonces, un público que aunque multitudinario permitía desandar y “chusmear” de cómo van las cosas en esta edición.
El diagnóstico inicial muestra que hay un despliegue extraordinario de actividades por hacer, muchas de ellas valiosas por la formación y aprendizaje que proponen; la Bienal del Chaco –lo escultórico y las grandes islas que lo rodean y conforman-, crece de manera sorprendente, gratamente sorprendente. Se extiende (hoy ya conquistando terreno el emprendedurismo a la avenida Lavalle).
A cada paso o una orquesta tocando música de películas, o un cuerpo de baile folclórico que se halla a la vuelta de una esquina, o una banda pasando con su música andariega por la calle Fabriciano, las escenas teatrales y de color de Lúquez Toledo que insiste con la idea de esa magia que produce la Bienal de poner arte, fantasía, onirismo, temblores a la emoción en la realidad real.
El acompañamiento empresarial chaqueño también hace gala en ciertas zonas, “barrios” diferenciados del predio. Igualmente el crecimiento gastronómico es notable. Un multiplicador que además, va jerarquizando en lo visual, es decir, lo estético. Ya el gazebo se convierte en un stand de “alta producción; ya un lugar que expende bebidas adquiere fachada de “un bar del centro”.
Y después, el paseo en sí mismo, que puede durar horas, con escénicas a cada paso, curiosidades al por mayor; arte, diseño, utilitarios. Invitación, talleres, juegos al por mayor para niños… De todo y para todos… Y absolutamente gratuito. Alguien duda que sea un lujo poder tener unas cuantas jornadas de vacaciones de invierno, rica en haceres y sorpresas para disfrutar en familia, en amigos…
Literalmente, la Bienal es para ir a pasar el día… ¡Y estamos todos invitados!


