Una artesana teje un morral, otro elabora una escultura de barro, dándole forma a un animal o la figura de una persona, quien sabe todavía. Otros, elaboran una vestimenta. Un hombre meticuloso moldea un aro, una pulsera, o bien le da los últimos retoques de un instrumento musical.
Todos trabajan en un detalle obsesivo, dándole sentido a la materia prima, no solamente a su forma, sino a su valor.
Pero esto no queda acá: un payaso infla un globo y se lo da a un niño, un padre peina a su hija, alguien frena y acaricia un perro. Dos se dan la mano brevemente y siguen…
Alguien prepara una comida lista para ser vendida, otro limpia el predio y los escultores tallan el mármol hasta descubrir lo que buscan. Un anfitrión generoso ofrece un mate.
“Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”, reza el último verso de un poema de Borges. Esas personas, moldean el mundo con sus manos.






