La Bienal Internacional de Escultura del Chaco, este evento que viene realizándose hace casi cuarenta años, tiene como bandera que el arte sea un bien accesible para todos. La gratuidad, la coralidad y su popularidad lo convierten en un evento de talla masiva, con un pulso internacional fuerte que se proyecta hacia el mundo edición tras edición. En esta ocasión, y en distintos días, entre una visita y otra, el predio de la Bienal recibió tres visitas de lujo: Ömür Budak, embajador de Turquía; Ajeneesh Kumar, embajador de la India, y Erik Høeg, representante de la Unión Europea.
Que referentes diplomáticos de este nivel se acerquen al acto principal de la Bienal —los escultores internacionales durante su jornada de trabajo, a cielo abierto, en el Predio del Parque 2 de Febrero— es un gesto de respeto y de interés sin parangón. No se trata de una visita protocolar más: caminar entre los boxes donde los escultores tallan mármol, madera y metal, y ver de cerca el proceso creativo antes de que se convierta en obra terminada, es una experiencia que pocos eventos culturales en el país pueden ofrecerle a una delegación internacional.
Cada una de estas visitas también dice algo sobre el lugar que la Bienal del Chaco viene ganando en el mapa cultural internacional. Que Turquía, India y la Unión Europea —tres regiones con tradiciones escultóricas y artísticas propias, tan distintas entre sí— elijan acercarse a Resistencia confirma que el boca en boca entre embajadas y representaciones diplomáticas ya empieza a instalar a la Bienal como una cita ineludible en la agenda cultural internacional, no solo entre los propios escultores que once postulan año a año, sino también entre quienes representan a sus países en la Argentina.


