Georgi Minchev llega de Popovo, Bulgaria con su obra “Fragmento de algo más grande”. Trabaja con diversos materiales (piedra, madera y metal) y crea esculturas de gran tamaño. La trayectoria creativa puede considerarse una síntesis contemporánea de minimalismo, dinamismo espacial y profundo contenido emocional.
Desde el momento en que ingresó al predio de trabajo, se lo vio suelto y veloz con las herramientas, como un kamikaze de la materia incluso arrancó a cortar sin guantes ni anteojos de protección. Su obra avanza con rapidez y el tiempo da forma al mármol, pero también a la solidaridad con el trabajo de los demás escultores.
“Fragmento de algo más grande” es parte de una gran serie de trabajos, con más de 50 obras que viene realizando Minchev con este concepto. “Intento mezclar formas geométricas, sin ningún significado especial”, expresa. Es “un mantra visual, porque se repite y se repite”.
Es que obras de la serie ya están emplazadas y forman parte de colecciones privadas en países como India, Emiratos Árabes, Colombia, Omán y Rumania (2022), Riyadh Saudi Arabiya, Estados Unidos, Irán y China. En Argentina, la escultura será parte del museo a cielo abierto de Resistencia.
Las dualidades entre ironía y sinceridad, ilusión y verdad, ingenuidad y conocimiento, repetición y renovación, movimiento y quietud, partida y retorno, real y digital, redondeado y cuadrado, buscan el límite espacial de lo posible.
La serie Fragmento de algo más grande incluye obras emplazadas en espacios públicos y colecciones privadas de países de Europa, Asia, América del Norte y del Sur tales como (2018).
Minchev, aunque concentrado en la instancia escultórica, considera que la gente de Chaco es parecida a la de Bulgaria: “Es gente cálida, quieren ayudarte”. Anonadado por lo que sucede alrededor, dice que tal vez cuando regrese a su país recién pueda darse cuenta de lo que ocurrió realmente durante los días de la Bienal del Chaco.
Hay una foto previa a su llegada a la provincia, con Greta Pencheva la artista búlgara que trajo la puesta en escena “Gracias, Bulgaria” en la edición anterior de la Bienal. “Fue muy interesante para mí conocer a otras personas, personas búlgaras que estuvieron aquí, en este evento”, señala. Cuenta cómo se conoció a través del contacto de un contacto con su hija, que toca el violín. “Son chicas muy positivas”, añade y confiesa su deseo de coincidir en alguna próxima Bienal.











