El viernes se vistió de fiesta, cuando la ronda de amigos se abrió para recibir a enormes acordeonistas y guitarristas de nuestra región: Julio Ramírez, Lucas Monzón, Sebastián Flores, Agustín Monzón, Facundo Duarte, José y Aníbal Álvarez, Marcelo Dellamea y Facundo Rodríguez. Así, esta ronda que nunca para de crecer, también cobijó al gran Chango Spasiuk, al maestro Renato Borghetti y al querido Neuro Junior.
La tarde transcurrió entre canciones que son parte del cancionero regional y popular, risas, anécdotas y la compañía de un querido amigo de la casa de Madre Canción, Juan Pedro “el Topo” Zubieta.

En el gran litoral, el acordeón es la columna vertebral de la identidad popular y del chamamé (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad). Su llegada de la mano de los inmigrantes europeos encontró un eco inmediato en la cosmovisión guaraní y criolla, transformándose para siempre.
El acordeón se encuentra con la poesía para nombrar lo invisible. Cuando el acordeón dibuja el paisaje del monte y el río, la palabra le da voz al arraigo y a la memoria. En ese abrazo entre la música y la palabra, el pueblo encuentra su espejo más puro y la vigencia eterna de nuestra identidad.



